En Pinacoteca soñada, el escritor reúne 168 pinturas que vio en persona. Hablamos de lo que la imaginación añade a un cuadro, de lo que hacemos con la biografía de quien lo pintó y de la sala que todavía no ha abierto su puerta.
Por Alberto Ortega
Una pinacoteca suele obedecer a un orden: escuelas, fechas, nombres. La de Rafael Argullol se levanta al revés. Pinacoteca soñada reúne 168 columnas publicadas semanalmente en el diario ARA entre 2014 y 2017, hoy traducidas al castellano por Maite Madinabeitia y editadas por Acantilado. Cada semana, Argullol elegía una pintura que regresaba a su memoria, sin pedir permiso a la cronología. Solo se impuso dos condiciones: haberla visto personalmente y no repetir pintor. El museo resultante no se recorre tanto como se recuerda.
Hay en ese método una sospecha sobre lo que significa conservar. Un museo puede fijar la ficha, el lugar y la atribución de una obra, pero no lo que sucede cuando alguien se detiene ante ella. A veces el lienzo nos acompaña durante décadas y cambia de significado sin que haya cambiado un milímetro de superficie. Pinacoteca soñada no aspira a resolver ese desacuerdo; lo convierte en escritura.
El caballo de Franz Marc inclina la cabeza. El azul se oscurece en la crin y se abre sobre el lomo. Rafael Argullol termina el capítulo que le dedica en Pinacoteca soñada con una afirmación que, fuera de la pintura, cuesta sostener. Gracias a Marc, escribe, puede decir que realmente ha visto caballos azules.
El caballo abre también «La anomalía autorizada», un ensayo de Nocturnalia sobre las obras que una sociedad clasifica, expulsa y aprende a conservar. En las páginas de Argullol, el animal comparte sala con una niña y un pájaro pintados por Emil Nolde, con los fragmentos de un sueño de Carlo Carrà y con un campo negro de Anselm Kiefer. Cada pintura llegó a esa sala en una semana distinta. El orden de las páginas conserva el de su aparición en la memoria del escritor. «La anomalía autorizada» · Pinacoteca soñada
¿Qué vio en ese cuadro que no había visto nunca en un caballo?
En el texto hago una comparación entre el caballo azul y la flor azul. Siempre ha sido algo muy discutido si realmente hay flores azules. En el caballo azul veo de alguna manera esta dimensión mística que la flor azul tenía para Novalis. Es un poco una expresión de algo que a mí me interesa mucho, que son los límites de la imaginación vinculados a los límites de la realidad.
En una carta a August Macke, Marc asigna al azul un principio masculino y espiritual. Usted encuentra en el caballo una dimensión mística. ¿Cómo conviven esas categorías tan humanas con el deseo de mirar con los ojos del animal?
El arte tiene un diálogo con la realidad, pero es un diálogo que no es mimético. Es un diálogo a través del cual el arte va explorando las fronteras de la realidad. Y en ese sentido se plantea en la propia historia del arte esta enorme liberación o emancipación respecto a lo que nosotros usualmente llamamos colores de la realidad.
La pintura, incluso la que nosotros llamamos más realista o más naturalista, no es nunca mimética con la realidad, sino que es más bien mimética con la imaginación. Tanto la imaginación del artista como la del espectador, del contemplador de la pintura. Hay un juego de espejos entre ambas imaginaciones.
En La musa metafísica, de Carlo Carrà, hay una tenista que parece un maniquí, una diana, un mapa de Grecia. Usted elogia que Carrà reúna esos fragmentos sin resolver el sueño. Cuando le toca escribir sobre ellos, ¿cómo sabe que ha llegado el momento de parar?
El orden del libro es el orden del propio acceso de la imagen a mi mente y a mi imaginación. No es un orden cronológico, no es un orden estilístico, sino según actúa una imagen en mi propia memoria. La relación que tenemos con la pintura es una relación múltiple. Está la contemplación directa, está la rememoración. Está también la reconstrucción, incluso el ir completando lo que ha sido esa pintura.
El único método que yo utilicé en el libro fue dejar que afloraran las imágenes de pinturas que guardaba un poco caóticamente en la memoria. Iba filtrándolas de acuerdo con aquello que yo mismo necesitaba en cada momento. La pintura existe, evidentemente, como un objeto, pero la pintura vinculada ya a mí es un sujeto.
Es un sujeto vivo. El arte no nos plantea objetos en el sentido empírico, en el sentido estático. Lo que nos plantea son organismos vivos que se van manifestando. Por eso están siempre incompletos. […] La conversación que tienen con nosotros interviene en el propio organismo.
Toda la naturaleza está animada y las obras creadas por nosotros también están animadas, no están muertas. Por eso el museo no deja de ser una especie de mausoleo contra natura, porque pretende encerrar como objetos aquello que son organismos vivos.
Por eso la pintura va cambiando a medida que tú la vas viendo en distintas edades y va completándose cada vez que tú la vuelves a mirar.
¿Ha aparecido alguna pintura que le haya hecho pensar que falta una sala entera?
Siempre aparecerá eso, porque, evidentemente, si ya la pintura es inacabada, una pinacoteca imaginaria también necesariamente tiene que ser inacabada. Solo me faltaría. Querría decir que yo estoy muerto, ¿no? Mientras estamos vivos, siempre estará allá una sala que espera, una sala a la cual todavía no hemos abierto la puerta.
Y yo ya quiero que sea así. Hay que entender que yo no soy un crítico de arte, no soy un historiador de arte, yo soy un escritor. Un escritor que a veces me daba en filósofo también, pero yo soy un escritor. Es un proyecto literario filosófico, si quieres, pero literario, que avanza a través de imágenes.
Habitar el caos
En Nigredo, de Kiefer, la descomposición aparece como una etapa que precede a la claridad. ¿Estamos en una época bisagra, al final de un ciclo cultural y espiritual?
Esta pregunta nunca se puede responder a priori. La respondemos a posteriori. ¿Qué es una revolución? Una revolución es la gota que escapa del vaso cuando el vaso ya se ha llenado. Pero lo importante es ver cómo se va llenando el vaso.
El que es contemporáneo al llenado del vaso no tiene perspectiva suficiente para saber cómo se está llenando. En ese sentido, todas las épocas, para todas las generaciones, han sido épocas bisagras. […]
Con respecto a nuestra época, pienso que se producen algunas características propias: el aumento del nihilismo, el aumento de la apatía. Si eso llevará a una revolución explícita, falta verlo. Yo creo que sí, pero la revolución explícita no necesariamente tiene que ser un proceso positivo.
Si yo tuviera que decidir un diagnóstico para nuestra época, diría que el ser humano está retrocediendo mucho espiritualmente. […] El peligro viene por la dejación de funciones y por el abandono espiritual del ser humano.
En «La oscura verdad del bufón» escribe que el arma del bufón, como la del loco, es la verdad. Ahí me pareció oír un eco de Erasmo. ¿Qué significa aquí la palabra loco y de qué verdad habla?
La palabra loco, en mi caso, alude a quien es capaz de habitar el caos. El que habita el caos o el que roza el caos o el que va por un camino limítrofe del caos. Eso es un loco. No lo digo en un sentido peyorativo. Puede ser una cosa extraordinariamente creadora o puede ser una cosa autodestructora. Depende de cada caso.
Y en cuanto a la verdad, evidentemente no hay una verdad con mayúsculas. Es fundamentalmente nuestra verdad, la verdad de cada uno, pero quizá una forma de definir la verdad es comprometerte en buscar la verdad. […] La libertad no existe tampoco: la libertad es una construcción, la verdad es una construcción. Por tanto, el compromiso de construir, de llegar a esta verdad, es ya en cierto modo la verdad. […] Cuando se impone la desidia, se impone la apatía, nosotros nos enfocamos directamente hacia un camino de tiranía y de mentira.
La amenaza en el cuadro
En el capítulo sobre Nolde recuerda la condena nazi de su pintura y alude a Nietzsche al tratar la relación del artista con el régimen. La Nationalgalerie y la Fundación Nolde han documentado su adhesión al nazismo y su antisemitismo, mientras ese mismo régimen perseguía su obra como «degenerada». ¿Cambiaría la manera de presentarlo en ese capítulo?
No, ¿por qué? Yo lo sé perfectamente. Yo sé perfectamente las barbaridades que han hecho algunos artistas. No voy a dejar de ver a Caravaggio por saber que Caravaggio es un asesino o fue un asesino. No voy a dejar de leer un fragmento de Heidegger por saber que Heidegger fue nazi o fue alguien muy cercano a los nazis. […] Esa información me servirá para juzgarlo como hombre, pero no me sirve para condenar una determinada experiencia estética.
¿Cómo afecta lo que sabe de Nolde a su encuentro con Niña con pájaro grande?
Las relaciones no son unívocas. La relación que tenemos con una obra de arte no es la distancia más corta entre dos puntos. Es una relación mediatizada por lo simbólico, mediatizada por lo metafórico. En la relación no hay líneas rectas, todo son meandros, todo son curvaturas. En esa relación dos y dos no son cuatro. Yo puedo interpretar esta pintura en un momento determinado de una manera y en otro momento de otra. Esta pintura puede verse como una amenaza, pero no puedo concretar exactamente el tipo de amenaza.
¿Qué puede hacer una conmoción estética con la conducta de quien la experimenta?
La conmoción estética, tal como yo la veo, es un estado del espíritu intransferible, personal e incluso transitorio. […] En el caso de una obra artística, la condición máxima es que haya un detenimiento, un silencio, una posibilidad de enfrentarte cara a cara. Porque una cosa es mirar y la otra es ver. Vivimos en un mundo en que estamos mirando miles de imágenes continuamente, pero no vemos nada.
¿En qué sentido conserva ahí la palabra libertad?
Quizá en estos momentos la única experiencia humana que no puede ser susceptible de fraude es la conmoción estética, la belleza en el sentido que yo he explicado hace un minuto; no la belleza cosmética y la publicidad y todo eso. […] Me parece que es el espacio más irreductible que tiene el ser humano, por tanto, el más libre.
Es la piedra angular de los hombres libres. Y para mí la libertad es la libertad que puede tener el hombre libre. La democracia, que sería la libertad colectiva, puede quedar totalmente vacía de contenido si no es una democracia de hombres libres, que es un poco lo que está ocurriendo en nuestra época.
Si hoy pudiera añadir una sola pintura a Pinacoteca soñada, ¿cuál sería y qué tendría que cambiar el libro para incluirla?
Mira, la única que incluiría es un marco sin nada dentro.
¿Como esperanza o como frustración?
Lo dejo a tu gusto. Como siempre ha sido la elpis griega, la esperanza, que nunca se ha sabido si era para bien o para mal. El marco vacío puede ser la nada encuadrada o puede ser todas las posibilidades.
Entrevista realizada por teléfono el 4 de noviembre de 2026. Preguntas y respuestas editadas por extensión y claridad.
