Una ciudad ofrece habitaciones, balcones y puertas. En sus bordes, algunos cuerpos descansan, trabajan o se recogen donde la arquitectura deja de protegerlos. Cinco fotografías en blanco y negro observan la distancia entre tener un lugar y apenas ocuparlo.
Primero aparece un hotel. La palabra promete una habitación; la fotografía no muestra a nadie entrando. Después, una cabeza asoma entre la ropa tendida. La ciudad levanta balcones, ventanas y puertas. Los cuerpos aparecen en sus márgenes: junto a los contenedores, sobre la piedra, ante un umbral cerrado.
Sabemos únicamente lo que conserva el encuadre. Una figura abre un contenedor; dos personas descansan sobre la calçada; otra se recoge junto a una muleta. Las fotografías no autorizan una biografía. Registran una relación espacial: cuánto lugar ocupa un cuerpo cuando ningún interior parece recibirlo.
El título pertenece a esa distancia: un cuerpo que sigue presente cuando la habitación, el balcón o la puerta han dejado de ser una posibilidad.